A lo largo de su trayectoria comercial, el Vocho recibió algunos cambios importantes. Sin embargo siempre dejó notar el paso del tiempo.¿Quién no recuerda los Escarabajos de los años 60 con esos grandes faros, pequeñas luces traseras y delgadas defensas? Fueron precisamente en estos años en que el Vocho logró una gran popularidad en los Estados Unidos. En 1968 se presentó un nuevo diseño, un modelo renovado pero la idea básica nunca se alteró por completo. Los faros delanteros tenían menores dimensiones y estaban decorados con aro cromado. Las luces traseras aumentaron en tamaño dándole al Vocho la apariencia de ser más ancho.
Tal vez se hicieron algunas mejoras, pero el Vocho siempre conservó su característico manejo rudo y sin fatiga. Su motor ofreció un poco más de potencia y se mejoraron algunos aspectos mecánicos, pero sus los amantes al Vocho lo seguían prefiriendo por las conveniencias que este ofrecía.
Aunque se siguió teniendo más cambios en todos sus aspectos, el Vocho nunca cambio en lo más importante. Se había ya ganado un lugar y el carisma y la nostalgia que el mismo daba nadie lo igualaba.

Mover el volante de un lado al otro era todo un sacrificio pero el esfuerzo valía la pena. A más de uno le costó trabajo mover el auto con la primera velocidad sin que éste se apagara o hiciera movimientos extraños, algo así como esa sensación de dominar una bestia. El embrague era duro y encontrar las velocidades costaría algo de rutina aprender. La reversa era una maniobra casi titánica aunada a la rigidez de la dirección.