Siempre nos hacemos la pregunta por que un automóvil puede causar tanto impacto en una sociedad, ya sea por sus características, su precio o simplemente por que fue presentado en el momento adecuado.El Volkswagen Atlantic puede ser considerado en cualquiera de esas categorías. Fue presentado como un automóvil compacto familiar. Como muchos sabrán, el Atlantic fue la primera generación del Jetta, y se distinguía de la Caribe gracias a que éste tenía una carrocería de tres volúmenes.
El área de carga era considerablemente más grande. Esto sirvió en especial entre las familias para que lo vieran como un auto familiar perfecto y tener aun espacio de sobra. Volkswagen nos dio una mejor impresión del Atlantic al incorporar mayor equipamiento y mejores acabados. Existía un modelo de dos puertas que era el más escogido entre los jóvenes además de la tradicional versión de cuatro puertas.
Durante su comercialización en México se presentaron diversas versiones; muchas de ellas se adoptaron a las características que el mercado mexicano presentaba en aquel entonces. Otras versiones como la GLS se distinguirían por su equipamiento interior así como por sus características mecánicas. Pero todo dependía del gusto y del bolsillo del consumidor.
No hay duda que existen modelos que marcan su propia historia y que pueden ser recordados por muchas razones.
Volkswagen de México le dio un carácter al dotarlo con un nombre propio para el mercado local además de que mucha de su fabricación se llevó acabo en la planta de Puebla. La primera Caribe que se ofreció en México fue en 1977. En su frontal predominaba una gran parrilla de plástico con dos faros redondos bien proporcionados.
Para muchos de nosotros el Vocho conservó a lo largo de varios años algunas de sus sencillas características.
A lo largo de su trayectoria comercial, el Vocho recibió algunos cambios importantes. Sin embargo siempre dejó notar el paso del tiempo.
Aunque se siguió teniendo más cambios en todos sus aspectos, el Vocho nunca cambio en lo más importante. Se había ya ganado un lugar y el carisma y la nostalgia que el mismo daba nadie lo igualaba.

Mover el volante de un lado al otro era todo un sacrificio pero el esfuerzo valía la pena. A más de uno le costó trabajo mover el auto con la primera velocidad sin que éste se apagara o hiciera movimientos extraños, algo así como esa sensación de dominar una bestia. El embrague era duro y encontrar las velocidades costaría algo de rutina aprender. La reversa era una maniobra casi titánica aunada a la rigidez de la dirección.